BARRERAS PARA LA INCLUSIÓN EDUCATIVA

Hoy en día tanto la normatividad internacional como la nacional hacen énfasis en la importancia de la inclusión educativa con el fin de promover una educación de calidad para todos y consecuentemente una sociedad que respete las diferencias individuales entre los seres humanos.  Si se logra alcanzar una educación incluyente, se podrá alcanzar una inserción social y laboral donde todos puedan hacer una contribución a la comunidad local, regional, nacional y aún global.  Sin embargo, existen barreras que la limitan y coartan el acceso a una educación de calidad según las necesidades de cada estudiante. El propósito es tratar de superarlas.

Esta caricatura de Frato nos muestra cómo las barreras físicas impiden el acceso a una educación inclusiva. “¡Así la INCLUSIÓN es imposible! El poder de cambio hacia la ansiada inclusión está en la escuela, en la sociedad. Y mientras no se modifiquen todas las barreras… la escuela no estará abierta a todo el mundo.” (http://enelcorazondeinfantil.blogspot.com/2013/10/vinetas-de-frato.html)

Las barreras que restringen la inclusión y la participación de todos los niños en el aprendizaje pueden ser de orden físico, de organización, de relaciones y del tipo de actividades.  Las de orden físico tienen que ver con la distribución física tanto del centro educativo como del entorno dentro de la comunidad, que impiden o limitan  el acceso al centro educativo y demás espacios relacionados con el juego y la participación como serían los parques y áreas de juego.  Las de organización dependen de las políticas organizacionales, locales y nacionales, que no favorecen una real inclusión en  la participación de todos los niños en el juego y en el aprendizaje.  Las de relaciones conciernen a las actitudes negativas de los adultos hacia la diferencia, de padres y de maestros, las que eventualmente influyen en las actitudes de los niños, afectando las relaciones entre ellos.  Finalmente, las barreras relacionadas con las actividades en gran parte dependen también de los adultos quienes son los que las proponen, sin tener en cuenta la diversidad que existe entre los niños, tanto en la comunidad como en el centro educativo.

También hay que eliminar las barreras para el juego. (http://www.transparenciaactiva.gob.sv/educacion-inclusiva-abre-un-mundo-nuevo/)

Tales barreras pueden ser experimentadas por los niños que tienen una necesidad educativa especial o por cualquiera otro que pueda ser considerado “diferente” por diversas razones.  Las razones por las cuales se puede considerar a alguien como diferente, además de la presencia de una discapacidad, pueden ser de orden cultural, racial, socio-económico, de género o de orientación sexual.

La eliminación de las barreras se debe iniciar con una sensibilización hacia la diferencia que lleve eventualmente a un cambio de actitud en los adultos, en especial padres, cuidadores y maestros.  Se debe minimizar el modelo médico de la discapacidad que se enfoca en las deficiencias y limitaciones del niño, y que por lo tanto pone el problema en el estudiante y no en las barreras que presenta el entorno.  De esta manera se pueden disminuir las discapacidades que surgen de un entorno que tiene actitudes y acciones discriminatorias y que originan instituciones con barreras hacia la participación en el juego y el aprendizaje de todos los niños.  En la medida que se presente un cambio actitudinal de los adultos, habrá un esfuerzo por disminuir las barreras de orden físico, de organización y de tipo de actividades, de tal manera que favorezcan la inclusión de todos los niños.  Se pasaría, entonces, de la idea de atender a los niños con necesidades educativas especiales a una más inclusiva de apoyo al aprendizaje que tiene en cuenta las barreras que pueden experimentar diversos estudiantes.

Maestros trabajando en la detección y superación de las barreras. (http://www.ite.educacion.es)

Muchos centros educativos consideran que ofrecer inclusión exige de muchos recursos; sin embargo, éstos cuentan con más medios de los que creen tener.  Además de los recursos económicos a los cuales se puede acceder, un centro educativo puede movilizar una gran variedad de recursos humanos y legales.  Por lo general se cuenta con una variedad de talento humano en las directivas, en los profesionales, en los niños y sus padres o cuidadores y en los grupos locales.  Muchas de estas personas tienen habilidades de las cuales no son conscientes y que pueden comenzar a utilizar para favorecer la inclusión.  Los niños, en especial, son un gran recurso porque por lo general no han desarrollado prácticas discriminatorias y pueden dirigir no sólo su propio aprendizaje y juego sino también el de sus compañeros, ofreciéndose apoyo mutuo.

Como educadores, para quienes creemos en la importancia de una educación de calidad para todos, está en nuestras manos buscar el cumplimiento de las leyes.  Para esto debemos buscar la sensibilización de nuestros colegas, de los padres de familia y de otros adultos que influyen en nuestra labor educativa.  Adicionalmente, es importante que logremos sacar a flote las habilidades que tenemos latentes y que pueden favorecer la inclusión educativa, buscando al mismo tiempo la capacitación necesaria para desarrollar al máximo estas destrezas.

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